Complete Looking: La fotografía de Chris Steele-Perkins

Chris Steele-Perkins pertenece a un linaje de fotógrafos que comprendieron la imagen no como un simple registro documental, sino como una tecnología sensible de escucha social, una forma de interpretar las tensiones invisibles que organizan los cuerpos, los territorios y los afectos dentro de la modernidad.

Sarah Rocksane Araujo

Escrito por Sarah Rocksane Araujo

Redacción, Moda y Belleza

Su trayectoria, iniciada entre Birmania y la Inglaterra de la posguerra, atraviesa algunas de las principales transformaciones culturales y políticas del siglo XX, pero lo que hace su obra particularmente singular no es solo la dimensión histórica de los acontecimientos que fotografió, sino la manera en que desplazó el fotoperiodismo de una lógica puramente factual a un campo profundamente humano, subjetivo y antropológico.

A lo largo de décadas, Steele-Perkins ha construido un archivo visual que investiga la identidad, la clase, la violencia estructural, la pertenencia, la juventud, la memoria y el desplazamiento, siempre rechazando la neutralidad estética que tradicionalmente marcó parte del documentarismo occidental.

Formación, conciencia social y el documental como posicionamiento político

Nacido en 1947, en Rangún, actual Myanmar, hijo de padre inglés y madre birmanesa, Steele-Perkins creció en una Inglaterra aún profundamente marcada por los efectos psicológicos de la guerra y por las transformaciones sociales de la reconstrucción europea. Aún joven, estudió Psicología en la Universidad de Newcastle upon Tyne. Antes de convertirse en fotógrafo, ya mostraba un interés evidente por los mecanismos del comportamiento colectivo, por las formas de supervivencia emocional y por las estructuras invisibles de la vida cotidiana. Fue durante su trabajo en el periódico universitario cuando entró en contacto con ensayos documentales publicados en The Sunday Times, especialmente los de Don McCullin, una experiencia decisiva para su acercamiento al fotoperiodismo.

1976 © Chris Steele-Perkins - Magnum Photos
1976 © Chris Steele-Perkins - Magnum Photos

En los años 70, viviendo en Londres, Steele-Perkins dirigió su mirada a las transformaciones urbanas de una Inglaterra en crisis económica. Fue un período de creciente desempleo, tensiones raciales, colapso industrial y endurecimiento de las políticas públicas británicas. Mientras parte de la fotografía internacional centraba su atención en conflictos armados o exotizaciones geográficas, Steele-Perkins eligió investigar la precariedad doméstica inglesa, los barrios periféricos, los trabajadores invisibles y los jóvenes desplazados dentro de la propia estructura británica. Su incorporación al Exit Photography Group, en 1975, consolidó esta dimensión política de su producción. Junto a Nicholas Battye y Paul Trevor, recorrió ciudades industriales como Glasgow y Middlesbrough documentando la pobreza urbana en medio de la transición económica inglesa. El resultado de este trabajo sería el libro Survival Programmes, publicación que hoy puede entenderse como uno de los documentos visuales más importantes sobre la violencia estructural del neoliberalismo emergente en Gran Bretaña.

1976 © Chris Steele-Perkins - Magnum Photos
1976 © Chris Steele-Perkins - Magnum Photos

Lo que diferencia a Survival Programmes de muchos registros sociológicos de la época es precisamente su capacidad de rechazar el miserabilismo visual. Steele-Perkins no fotografía comunidades pobres como cuerpos pasivos de la decadencia económica. Al contrario, sus imágenes enfatizan la convivencia, el humor, la intimidad, la resistencia cotidiana y las estrategias de supervivencia. Esta preocupación por la dignidad de las comunidades marginalizadas se manifiesta de forma aún más intensa en su trabajo en Irlanda del Norte. Durante los conflictos conocidos como The Troubles, Steele-Perkins fotografió comunidades católicas en Belfast desde una perspectiva declaradamente antiopresiva. En lugar de crear imágenes espectaculares de la guerra urbana, buscó retratar los efectos de la militarización sobre la vida cotidiana, los funerales, los encuentros familiares, los juegos infantiles, los momentos de ocio y la persistencia de la vida comunitaria en medio de la ocupación. Steele-Perkins afirmaba no tener interés en la neutralidad. Su compromiso estaba con los sujetos históricamente oprimidos. Esta posición desplaza por completo su práctica fotográfica de una tradición periodística liberal basada en la idea de imparcialidad. Para él, la fotografía documental era inevitablemente política porque la elección del encuadre ya implicaba una postura ética.

1976 © Chris Steele-Perkins - Magnum Photos
1976 © Chris Steele-Perkins - Magnum Photos

Esta dimensión política se intensifica en sus trabajos sobre movimientos racistas y manifestaciones antirracistas en Inglaterra a finales de los años setenta y principios de los ochenta. El crecimiento de la National Front y el endurecimiento del discurso antiinmigración británico aparecen en sus imágenes no como abstracciones ideológicas, sino como fuerzas concretas que reorganizaban la cotidianidad de comunidades racializadas. Steele-Perkins registró protestas, tensiones urbanas y la experiencia de minorías étnicas en un momento decisivo de la historia británica. Al mismo tiempo, desarrollaba uno de los proyectos más emblemáticos de su carrera, The Teds, ensayo realizado a lo largo de tres años sobre los Teddy Boys, subcultura británica surgida originalmente en los años cincuenta y revivida en la década de setenta. El proyecto supera por completo la fotografía de moda o el registro superficial de tribus urbanas. Aunque la ropa sea un elemento visual central, Steele-Perkins comprendía el vestuario como dispositivo de identidad social.

Las imágenes de The Teds tienen una enorme relevancia para los estudios contemporáneos de moda precisamente porque revelan la ropa como lenguaje de pertenencia, resistencia y construcción subjetiva. Los trajes drapeados, los peinados exagerados, los zapatos brillantes y las poses performativas aparecen menos como una tendencia estética y más como una arquitectura simbólica de existencia colectiva. Steele-Perkins entendía que el estilo nunca es solo apariencia. El estilo es territorio psicológico.

De Magnum al mundo: nuevos territorios, la misma ética de la mirada

Magnum meeting in the London offices. England. 1994. © Peter Marlow - Magnum Photos
Reunión de Magnum en las oficinas de Londres. Inglaterra. 1994. © Peter Marlow - Magnum Photos

En 1979, el fotógrafo se incorpora a Magnum Photos, hito decisivo en su trayectoria internacional. A partir de entonces, amplía su campo geográfico de actuación y comienza a desarrollar proyectos en distintas partes del mundo, especialmente en África y Asia. Aun así, pese a la expansión territorial, su enfoque sigue siendo coherente. Steele-Perkins sigue interesado menos en el exotismo geográfico y más en las estructuras humanas de la experiencia cotidiana.

Su trabajo en África a lo largo de las décadas de 1980 y 1990 evita muchos de los vicios históricos del fotoperiodismo occidental sobre el continente. En lugar de convertir a las poblaciones africanas en imágenes genéricas de sufrimiento o miseria, Steele-Perkins construye fotografías densas, contradictorias y profundamente relacionales. Hay violencia, pero también afecto, deseo, humor, moda, ornamentación y subjetividad. Esta sensibilidad adquiere nuevos contornos en The Pleasure Principle, proyecto sobre los pasatiempos británicos durante la era Thatcher. El libro marca un cambio importante en su producción, especialmente por la incorporación más intensa de la fotografía en color. Steele-Perkins percibe que la Inglaterra de los años 1980 se volvía cada vez más performática, extraña y teatral. El color pasa entonces a funcionar como un instrumento crítico capaz de revelar los excesos visuales de la sociedad de consumo. Su paso a la fotografía en color también evidencia una comprensión sofisticada de la imagen como construcción emocional. Para Steele-Perkins, el color nunca fue un mero recurso decorativo. Funcionaba como densidad psicológica. Tonos saturados, contrastes abruptos y atmósferas luminosas transformaban situaciones comunes en experiencias visualmente inquietantes.

Incluso durante este período de experimentación cromática, el fotógrafo mantuvo proyectos en blanco y negro, como su extensa documentación del Afeganistão entre 1994 y 1998. El libro Afghanistan es quizá una de sus obras más intensamente emocionales. Sus imágenes no romantizan el conflicto, pero tampoco reducen el país a la lógica de la devastación permanente. Hay una dimensión profundamente existencial en sus fotografías afganas. Steele-Perkins describía el Afeganistão como un lugar simultáneamente bello, trágico, heroico y brutal. Esa multiplicidad emocional aparece directamente en la construcción visual del proyecto. Sus imágenes revelan ruinas, pero también delicadezas. Muestran violencia, pero también contemplación. El fotógrafo parecía comprender que ningún territorio humano puede reducirse a una narrativa única.

Posteriormente, su relación con el Japón inaugura una nueva capa en su obra. Tras casarse con Miyako Yamada, Steele-Perkins inicia un largo proceso de investigación visual sobre la cultura japonesa. A diferencia de muchos fotógrafos extranjeros que abordan el Japón a través del exotismo tecnológico o de la hiperurbanización, él construye una mirada íntima, afectiva y silenciosa sobre el país. Fuji, publicado en 2000, revela esa dimensión contemplativa. El fotógrafo parece menos interesado en explicar el Japón y más en experimentar sus atmósferas emocionales. Sus imágenes se vuelven más pausadas, melancólicas y meditativas. El tiempo se desacelera. El ruido urbano da paso a la observación de la memoria, del paisaje y de las pequeñas intimidades. Esa dimensión diarística se profundiza en Echoes, libro extremadamente personal sobre el año 2001. Aquí, Steele-Perkins transforma la fotografía en un mecanismo de preservación de la experiencia íntima. Lo cotidiano deja de ser solo materia documental y pasa a operar como archivo emocional del paso del tiempo.

A lo largo de las décadas siguientes, el fotógrafo continuaría investigando Inglaterra, Japón, el envejecimiento, la migración y el sentido de pertenencia. Obras como England, My England, Fading Light y The New Londoners demuestran su rara capacidad para observar los cambios culturales sin recurrir al cinismo o a la nostalgia simplificadora.

Moda, identidad y el legado de Chris Steele-Perkins

Red Deer, Croydon, England, 1976. © Chris Steele-Perkins - Magnum Photos
Red Deer, Croydon, Inglaterra, 1976. © Chris Steele-Perkins - Magnum Photos

Su obra tiene una enorme relevancia para el pensamiento contemporáneo sobre la moda, aunque rara vez se discuta dentro de este campo específico. Steele-Perkins comprendía profundamente la dimensión política de la apariencia. En sus retratos, la ropa nunca es neutral. Funcionan como códigos sociales, dispositivos de pertenencia y tecnologías de supervivencia simbólica. Desde los Teddy Boys hasta los jóvenes racializados de Londres de los años setenta, desde las comunidades católicas de Belfast hasta los asistentes a las playas inglesas en la era Thatcher, el fotógrafo observaba cómo los cuerpos utilizan la vestimenta para negociar dignidad, deseo, rebeldía e identidad. Su cámara percibía la vestimenta como una extensión emocional de los sujetos. En un momento histórico en que la moda frecuentemente oscila entre espectáculo comercial y discurso vacío sobre la autenticidad, revisitar la obra de Steele-Perkins se vuelve particularmente importante. Nos recuerda que la imagen no es solo superficie. La imagen es memoria social condensada.

Youth with a stone during a riot at the top of Leeson Street. Catholic Area, West Belfast, Northern Ireland. 1978. © Chris Steele-Perkins - Magnum Photos
Joven con una piedra durante una revuelta en la parte alta de Leeson Street. Área católica, West Belfast, Irlanda del Norte. 1978. © Chris Steele-Perkins - Magnum Photos

Su muerte, a los 78 años, cierra una trayectoria fundamental para la historia del fotoperiodismo contemporáneo, pero también deja un legado raro. Steele-Perkins demostró que fotografiar puede ser un ejercicio de escucha, convivencia y responsabilidad colectiva. Gregory Halpern, co‑presidente de Magnum, definió su fotografía como capaz de encontrar lirismo en la vida cotidiana. Steele-Perkins lograba percibir belleza sin borrar el conflicto, dignidad sin romantizar y humanidad sin simplificar. Su archivo visual permanece como testimonio de un mundo en constante transformación, pero también como reflexión sobre lo que perdura. Comunidad, memoria, resistencia, identidad y deseo atraviesan toda su producción como líneas que conectan diferentes geografías y distintas épocas.

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