Guccicore: la pluralidad como lenguaje de estilo
Entre esquinas, estaciones, fachadas y cruces, cuerpos desconocidos comparten el espacio sin necesariamente dividir las mismas historias. De esa convivencia surge la Gucci, que presenta GucciCore, una campaña fotografiada por Peter Funch en Nueva York, donde la moda se manifiesta como expresión de los individuos.
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Escrito por Sarah Rocksane Araujo
Redacción, Moda y Belleza · 22 de octubre de 2026
En lugar de aislar una figura en un escenario idealizado, las imágenes reúnen grupos de personas, estilos y maneras distintas de vestir, acercando el lenguaje de la marca a la diversidad que caracteriza a la metrópoli. El resultado es un retrato colectivo en el que cada persona preserva su singularidad mientras participa de una composición mayor. La ciudad deja de ser solo un telón de fondo para convertirse en parte activa de la narrativa, con su multiplicidad de códigos, ritmos y presencias. Esta elección dialoga con la investigación de Funch sobre las relaciones entre individuo y colectivo en los espacios urbanos, transformando la campaña en una observación sobre cómo nos presentamos al mundo y cómo nuestras identidades coexisten con las de los demás. En GucciCore, el estilo no depende de una única imagen de deseo, sino de la posibilidad de reunir diferencias en un mismo paisaje. La moda, después de todo, también se manifiesta en estos encuentros cotidianos, cuando una silueta atraviesa otra, un código se reinterpreta y una combinación inesperada gana sentido en el movimiento de las calles.
Presentada originalmente en mayo, en un desfile realizado en Times Square, la colección GucciCore propone investigar lo que sustenta el lenguaje de una casa de moda más allá de las tendencias pasajeras. La selección reúne piezas fundamentales del guardarropa, como el peacoat, el trench coat, el traje, la camisa esencial y la falda lápiz, construyendo una base de vestuario que combina funcionalidad e identidad. Son artículos reconocibles, asociados a diferentes contextos de la vida cotidiana, pero que, cuando son atravesados por la mirada de Gucci, dejan de ser solo soluciones prácticas para asumir una firma visual propia. La propuesta consiste en comprender lo esencial no como sinónimo de neutralidad, sino como un territorio de posibilidades. Un abrigo puede estructurar la silueta, una camisa puede funcionar como punto de partida para diferentes composiciones y un traje puede transitar entre convenciones formales y expresiones individuales. La permanencia de estas piezas en el imaginario de la moda revela su capacidad de adaptación, atravesando décadas y transformaciones culturales sin perder completamente su relevancia. Al situarlas en el centro de la colección, Gucci revisita los fundamentos del vestir para observar cómo pueden seguir generando significado en el presente. El guardarropa esencial no necesita ser uniforme, ni mucho menos obedecer a la idea de que la practicidad exige contención estética. Puede acoger diferentes cuerpos, estilos e interpretaciones, convirtiéndose en una estructura abierta a la personalidad de quien lo lleva.

Precisamente en el encuentro entre funcionalidad y glamour italiano es donde GucciCore halla su principal tensión creativa. Por un lado, piezas pragmáticas, diseñadas para acompañar la rutina y atravesar distintas situaciones; por otro, la elegancia y la expresividad que forman parte del repertorio histórico de la marca. Esta combinación impide que lo esencial se reduzca a una fórmula minimalista o a un conjunto de ítems universales sin identidad. En la moda, la simplicidad también es una construcción: depende del corte, de la proporción, de la elección de los materiales y de la manera en que cada elemento se relaciona con el cuerpo. El trench coat y el traje llevan códigos asociados a la formalidad, pero pueden adquirir nuevas lecturas cuando se insertan en composiciones que escapan a las expectativas convencionales. La falda lápiz y la camisa, a su vez, revelan cómo las piezas tradicionales siguen abiertas a interpretaciones que acompañan cambios de comportamiento y expresión personal. La colección parece reconocer que el guardarropa contemporáneo debe responder a diferentes demandas sin borrar las contradicciones de quien lo usa. Somos, al mismo tiempo, pragmáticos y expresivos, atentos a la funcionalidad e interesados en lo que nos distingue. Vestir ocurre en ese intervalo, en el que la ropa necesita funcionar, pero también comunicar. Al acercar estos dos registros, Gucci transforma lo esencial en un lenguaje que no depende de excesos para afirmar su presencia, pero tampoco renuncia al poder simbólico de la elegancia.
Bajo la dirección artística de Demna, la campaña también invita a reflexionar sobre la identidad de una maison como un lenguaje en constante negociación con el presente. Fundada en Florencia en 1921, Gucci construyó su trayectoria a partir del artesanado italiano, de la creatividad y de la capacidad de transformar referencias en códigos reconocibles. Revisitar los fundamentos del guardarropa es, en ese sentido, una forma de observar lo que permanece cuando los ciclos de la moda se aceleran y las imágenes se multiplican. GucciCore no propone solo una selección de piezas versátiles, sino una reflexión sobre cómo una marca establece continuidad sin depender de la repetición literal de su pasado. La fotografía de Peter Funch refuerza esta idea al desplazar el foco de la pieza aislada a la convivencia entre personas. En Nueva York, ciudad marcada por la superposición de culturas y estilos, la identidad no se presenta como una imagen fija, sino como algo que se forma en el contacto con el entorno y con el otro. Cada individuo participa de la escena sin necesidad de desaparecer dentro de ella. Esta pluralidad ofrece una lectura contemporánea del lujo, menos restringida a la imagen idealizada de un consumidor y más atenta a las diferentes maneras de incorporar una lengua estética. El valor de una pieza no reside solo en su origen o en su reconocimiento inmediato, sino también en las posibilidades que abre cuando pasa a integrar la vida de alguien. Es en ese espacio entre la firma de la marca y la interpretación individual donde la vestimenta encuentra parte de su vitalidad.
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